SANTERIA
La necesidad de predecir el futuro, de prever lo ignoto por medio de la adivinación, ha estado presente en toda
La historia de la civilización desde los albores de la humanidad.
Los medios utilizados por los distintos sistemas y procesos adivinatorios son extraordinariamente variados: el agua; la arena; los cuerpos celestes; la corteza de los árboles; las líneas de las manos y de los pies; los rasgos faciales; la textura de los viejos brebajes como el té, el café, el payote; los cuernos de ciertos animales; el humo; las semillas y los caracoles, entre otros muchos. Aunque la adivinación continúa practicándose mundialmente, muy poco se ha hecho en materia de investigación sobre estos sistemas, incluyendo aquellos que llegaron al continente americano procedentes de África en las migraciones forzadas de la trata de esclavos del pasado siglo.
El sistema de adivinación de Ifá y el Dilogún son los dos oráculos yoruba más importantes que llegaron a Cuba procedentes de África y son los antecesores directos del sistema de adivinación cubano de los caracoles o Dilogún cubano, actualmente conocido y utilizado en muchos países de América, como Venezuela, Puerto Rico, Panamá, Colombia, México, Estados Unidos de Norteamérica y República Dominicana, por sólo citar los que tienen mayor número de practicantes. En Brasil está ampliamente difundido un oráculo del caracol que difiere en algunas de sus características, del sistema cubano, aun cuando entre ambos existen múltiples puntos de contacto y semejanzas.
El Dilogún, también conocido como Los Caracoles, es un sistema de adivinación que se basa en 16 signos fundamentales, conocidos por oddun (popularmente denominados Odduns). Estos 16 Odduns, al combinarse originan 256 Odduns compuestos. Los Odduns compuestos representan personajes oraculares, a cada uno de los cuales corresponden distintos refranes derivados, por lo general, de antiguas historias yorubas. Estos refranes, unidos a las distintas generalidades, positivas y negativas, y a otros mensajes que se relacionan con el personaje oracular, son los que permiten al consultor caracterizar la situación específica que vive el cliente o consultado por un espacio de tiempo determinado. Este sistema oracular utiliza como instrumento básico de adivinación 16 caracoles cauris. Los caracoles, al ser "tirados", pueden adoptar dos disposiciones: una con la abertura original del caracol hacia arriba; la otra, a la inversa.
Cuando un caracol cae con la abertura original hacia arriba, se dice que está en posición conversatorio, y cuando cae en la posición inversa, se dice que es no conversatorio.
Al tirar los caracoles, se determina un oddun simple, de acuerdo con el número que cae con una u otra posición, y con una segunda tirada se completa la pareja u oddun compuesto. En la consulta oracular circunstancial del sistema cubano de adivinación de los caracoles o Diloggun, el caracol que se utiliza es el que le corresponde a la deidad denominada Eleggua. (Eshu o Elegguá: deidad dual del panteón yoruba. En cuba se desdobla, Elegguá representa la positividad y Eshu la negatividad) Esta deidad es la designada en el panteón cubano como mensajero de las deidades y de los espíritus. El número de caracoles pertenecientes a este mensajero es 21, de los cuales se separan 5 que se consideran testigos silentes (Adelé), el resto representa a los 16 Odduns. Los demás símbolos de las deidades recibidos por el sacerdote o sacerdotisa en su iniciación, cuentan con 18 caracoles cada una, de los cuales se separan 2 en el proceso adivinatorio no circunstancial o de iniciación, conocido como Itá. Además de los caracoles, este sistema de adivinación utiliza como instrumentos auxiliares los Ibbo, objetos que sostenidos en las manos del cliente o consultado hacen que el sacerdote o consultante obtenga respuestas de sí o no a las distintas interrogantes o alternativas que permitirán hacer predicciones sobre el futuro del consultado. El sistema de adivinación se completa con los Ebbó y Addimú, que son los distintos recursos y alternativas como limpiezas, baños, ofrendas a las deidades y sacrificios de animales, que ayudan eliminar la negatividad predicha y atraer el bienestar. A diferencia de otros sistemas de adivinación, el Dilogún cubano no se basa en la posible "inspiración divina", "poderes psíquicos", u otras particularidades que puedan poseer el sacerdote o consultante. Este sistema se rige por un conjunto o corpus de conocimientos, previamente establecido, perfectamente diseñado y lógicamente estructurado que el sacerdote debe conocer y tener almacenado en su memoria, y que una vez que se domina, tanto desde un punto de vista teórico como práctico, permite conformar un mensaje y hacer predicciones que quizás también pudiera realizar una computadora a la que se le hubiese insertado toda la información necesaria. Es cierto que la capacidad intelectual y la experiencia del sacerdote o consultante pueden influir en la calidad, extensión y grado de acierto que tenga el mensaje oracular; pero esto está determinado, fundamentalmente, por los conocimientos adquiridos sobre el sistema, por la profundidad y amplitud de dichos conocimientos y por los años dedicados a ponerlos en práctica. Aun cuando el sistema cubano de adivinación de los caracoles requiere que se memoricen refranes, historias, reglas y algoritmos; el proceso de su enseñanza-aprendizaje se ha basado, principalmente, en la tradición oral. En esto influye, entre otros factores, la casi total falta de bibliografía especializada para los que se inician como sacerdotes del oráculo.
EL SISTEMA CUBANO DE ADIVINACIÓN DE LOS CARACOLES. ANTECEDENTES Y ORIGEN.
La casi totalidad de los esclavos que llegaron al continente americano procedía del oeste de África, de la zona comprendida entre Senegal y Angola. Entre los principales grupos étnicos que habitaban el oeste africano hacia el sur del Sahara se encontraban los yoruba.
Los yoruba son un gran grupo étnico muy diverso, constituido por subgrupos que presentan variaciones en el lenguaje, costumbres e instituciones; pero con suficiente unidad lingüística y cultural como para ser considerados una sola e interesante etnia.
La mano de obra esclava de la última oleada migratoria antes de la abolición de la esclavitud, aún cuando incluyó otras etnias procedentes de África, fue la que llevó a Cuba el mayor número de yoruba. Esto no fue un hecho fortuito, sino consecuencia de los acontecimientos que simultáneamente tuvieron lugar en el Caribe y en África.
La independencia de Haití de la metrópoli francesa en 1804 hizo declinar la producción azucarera del país, que hasta ese momento había sido el más grande productor de azúcar en América y principal suministrador del codiciado alimento en los mercados europeos. España aprovecha la decadencia de la producción haitiana y convierte a Cuba, su mayor posesión en el Caribe, en el productor principal.
El auge de la producción agrícola en Cuba, que había comenzado hacia 1790, se acelera y extiende hasta 1875. En esta etapa, dada la creciente necesidad de mano de obra esclava, entran en Cuba cientos de miles de bozales. En las poco confiables estadísticas oficiales constan la entrada de 436 844 esclavos, aunque se conoce que la trata clandestina debe de haber incrementado considerablemente esta cifra.
Mientras tanto, en África, las guerras internas entre reinados y ciudades yoruba (1817-1893) y de estos con Dahomey (1698-1892), convirtieron a los integrantes de esta etnia en presas fáciles para los rapaces traficantes de esclavos que operaban en la zona, a pesar de que España se había comprometido con Inglaterra a suprimir la trata.
En Cuba, a los esclavos yoruba y a sus descendientes se les denominó Lucumí, mientras que en Brasil se les conoce como Nago y en Sierra Leona como Aku.
Aunque se han difundido distintas versiones sobre el origen de la palabra Lucumí, la más aceptada en la actualidad es la que afirma que proviene del saludo yoruba lucumí, que significa "mi amigo" y que los esclavos usaban con frecuencia entre sí.
Ningún grupo africano ha tenido mayor influencia en la cultura de América que los yoruba. En el Caribe y Suramérica su sistema religioso, sincretizado con el cristianismo y en específico con la religión católica, florece principalmente en Brasil y Cuba. La identificación entre las deidades del panteón yoruba y los santos católicos ha originado lo que se conoce como Candomblé, en Brasil, y la Santería o Regla de Osha, en Cuba.
En el mismo centro de las prácticas religiosas y de la vida de los yoruba se encuentra el proceso de adivinación. No existe viaje, matrimonio, trabajo u otra empresa importante que se acometa sin antes consultar el oráculo para conocer los mensajes de las deidades, saber qué ofrendar a los Orishas y determinar si las decisiones que se intentan tomar son las correctas. De los sistemas de adivinación llegados a Cuba con los esclavos de esta etnia, el de Ifá se considera como el mayor, más importante y profundo; mientras que el Dilogún africano se tiene como un oráculo más simple y de menor importancia.
En el sistema de adivinación de Ifá, los sacerdotes reciben el nombre de Babalawos, que quiere decir "padre de los secretos", o simplemente awo, "secreto". Para llegar a ser Babalawo se requieren largos años de aprendizaje, que comienzan bajo tutela y continúa después prácticamente durante el resto de la vida.
El número de Babalawos llegados a Cuba fue muy reducido en comparación con el número de yoruba; estos, aún en las nuevas condiciones de vida, mantenían la costumbre de consultar el oráculo. Ante esta situación se hacía necesario disponer de un oráculo de mayor profundidad que el Dilogún africano y que pudiera ser utilizado sin necesidad de recurrir directamente al Babalawo. En respuesta a las nuevas condiciones, los Babalawos crean el sistema cubano de adivinación de los caracoles o Dilogún cubano. En este proceso de creación se introducen cambios sustanciales que diferencian al sistema cubano de los africanos. Entre los cambios más importantes se encuentran los que se describen a continuación. El Dilogún africano cuenta con 16 signos o letras fundamentales que se determinan a partir de una sola tirada de los caracoles y de acuerdo con el número de ellos que adoptan la denominada posición conversatorio. De esta forma, suele decirse que tiene 16 Odduns simples. En el sistema de adivinación de Ifá también existen 16 combinaciones posibles a cada lado del Opele o cadena de adivinación, pero cada vez que este se manipula se obtienen dos de dichas configuraciones, por los que el Odduns es compuesto o, lo que es lo mismo, tiene dos "lados", "brazos" o "patas", formados, cada uno de ellos, por una de las configuraciones posibles. Los Odduns compuestos del sistema de Ifá también pueden obtenerse mediante la manipulación de las nueces de palma o Ikin. De acuerdo con esto, existirán 16 x 16 = 256 Odduns compuestos.
Los yoruba creen que debido a la dualidad del odun o, como ellos dicen, a sus "dos patas", el sistema de
Ifá posee mayor profundidad, dimensión y capacidad de diagnosticar y resolver problemas específicos. Desde la creación del Dilogún cubano este se diseñó a partir del carácter compuesto de los Odduns, por lo que es un oráculo de mayor hondura y de un horizonte mucho más amplio que el Dilogún africano, y más cercano por esto al sistema de adivinación mayor de los yoruba, que es el de Ifá. Durante las consultas oraculares circunstanciales de los dos sistemas de adivinación de los yoruba (El Dilogún africano y el de Ifá) el sacerdote o consultante, después de sacar el oddun de consulta, simple en el Dilogún y compuesto en el de Ifa, comienza a recitar todos los versos que conoce correspondientes a ese oddun. Estos versos relatan historias de personajes de la mitología yoruba que enfrentaron problemas y las soluciones que les dieron; contienen, además, diversos refranes, proverbios y moralejas. Mientras el consultante recita los versos, el cliente escucha, y cuando hay un verso que es aplicable a su problema particular se lo indica al consultante, quien detiene la recitación y procede a determinar las predicciones para el futuro inmediato y las ofrendas, sacrificios u otros recursos que se deben aplicar. Entre los yoruba, el sistema de adivinación de Ifá cuenta con los Babalawos, que son los sacerdotes o consultantes de este oráculo; mientras que en el Dilogún esta función la desempeñan los olosha, hombres y mujeres iniciados en el culto de los Orishas, o los Babalochas e Iyalochas, hombres los primeros y mujeres las segundas, que han iniciado a otros en el culto. En Cuba, además de los olosha, Babalochas e Iyalochas, se crea un especialista de mayor jerarquía al que se le denomina Oriaté, quien no sólo debe poseer un mayor nivel de conocimientos del sistema oracular, sino que además es quien dirige las ceremonias y hace el Itá. El Oriaté debe poseer conocimientos sobre herbología; cánticos y rezos de las plantas; rezos para llamar a los Orishas en el proceso conocido como oro ibodu (rezos del cuarto donde se hace la iniciación) manipulación e interpretación del oráculo en la consulta de iniciación; jerarquía de los rezos para hacer el ebbó después de la lectura del oráculo en el Itá, entre otros muchos. El estudio especializado para llegar a adquirir este nivel jerárquico se hace bajo la tutela de un Oriaté de reconocido prestigio y experiencia.
En África los yoruba, en su iniciación, reciben solamente el símbolo de la deidad tutelar del culto en el cual se inician y durante la ceremonia no se les entregan caracoles. Si en el Itá se determina que alguien debe adquirir conocimientos acerca de la manipulación e interpretación de los caracoles, o simplemente aquellos que desean dedicarse al proceso de adivinación, deben comprar ellos mismos sus caracoles. De forma similar, cualquier iniciado, si lo desea, también puede comprar los caracoles y tenerlos en su santuario, aunque no haga uso de ellos. A diferencia de lo que ocurre en África, los que se inician en Cuba, reciben los símbolos de otras deidades además de la tutelar, y se les dan los caracoles de todos los Orishas, con los cuales se les hace el Itá. Todo iniciado debe adquirir algún conocimiento acerca de la interpretación de los mensajes oraculares. Aquellos que desean dedicarse al proceso de adivinación estudian más tiempo y con mayor profundidad bajo la tutela, ya sea de sus iniciadores o de otra persona conocedora del oráculo. En Cuba, con mayor frecuencia, las esposas de los Babalawos son las que aun cuando reciban los caracoles de las deidades en su iniciación, no aprenden ni usan este oráculo, pues donde hay un Babalawo el consultante es sólo él. Las diferencias antes expuestas entre los sistemas de adivinación africano y el Dilogún cubano, corroboran que a pesar de que los primeros son los antecesores directos del segundo, este es una verdadera creación, que ha demostrado su efectividad no sólo en el diagnóstico de problemas particulares sino en su solución. La gran fama y difusión con que cuenta el Oráculo cubano en un considerable número de países del continente americano se debe, precisamente, a su efectividad, profundidad y amplitud, y no sólo, como muchos afirman, a que entre sus sacerdotes o consultantes exista un elevado número de mujeres; aunque en los inicios de su práctica en
Cuba, las primeras Oriaté fueron mujeres.